Miedo: Trump en la Casa Blanca (Fear: Trump in the White House en inglés) es un libro de no ficción del periodista estadounidense Bob Woodward sobre la presidencia de Donald Trump. Basado en cientos de horas de entrevistas con miembros de la administración Trump, fue lanzado el 11 de septiembre de 2018.[
El libro de Bob Woodward revela una verdad horrible sobre el día a día en la Casa Blanca bajo la presidencia de Donald Trump, detallando un proceso de toma de decisiones caótico en políticas internas y exteriores. Basándose en cientos de horas de entrevistas, diarios y documentos, Woodward describe lo que califica como un «golpe de Estado administrativo» y un colapso nervioso del poder ejecutivo en el país más poderoso del mundo. La obra pone de relieve cómo el círculo íntimo del presidente luchó constantemente para contener los impulsos de un líder que veía el miedo como el componente esencial del verdadero poder.
Este «golpe de Estado» se manifestó de forma tangible cuando altos cargos, como Gary Cohn y Rob Porter, se organizaron para robar proyectos de decretos del Despacho Oval. Cohn llegó a sustraer una carta de la mesa del presidente que pretendía finalizar el Acuerdo de Libre Comercio con Corea del Sur (Korus) para proteger la seguridad nacional, pues Trump nunca se daba cuenta de la desaparición de los documentos si no los tenía delante. Según Cohn, su labor no consistía solo en lo que hacían por el país, sino en lo que evitaban que el presidente hiciera para prevenir catástrofes económicas y militares.
La volatilidad de Trump se reflejaba en su desprecio por los hechos y la lógica convencional, prefiriendo actuar por impulsos e intuición. El presidente se mostraba errático e inestable, cambiando de opinión según su estado de ánimo o lo que veía en la televisión, especialmente en Fox News. Woodward ilustra un ambiente de «anarquía y desorden» donde los asesores debían recurrir a tácticas de procrastinación, alegando restricciones legales o revisiones adicionales, simplemente para ralentizar ideas que consideraban verdaderamente peligrosas.
En el ámbito de la seguridad nacional, figuras como el secretario de Defensa James Mattis y el general Joseph Dunford se vieron obligados a actuar como educadores ante un presidente que cuestionaba el valor de las alianzas históricas. Durante una tensa reunión en el Pentágono conocida como «el Tanque», Mattis intentó explicar que el orden internacional basado en normas era el mejor regalo de la generación anterior, mientras que Trump veía a los aliados como «protectorados» que robaban a Estados Unidos. Mattis llegó a afirmar con dureza que la presencia militar en Corea del Sur era necesaria para «evitar la Tercera Guerra Mundial», comparando el nivel de comprensión del presidente con el de un niño de primaria.
La investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre la interferencia rusa supuso una distracción constante que consumía la energía emocional de Trump. El presidente vivía en un estado de paranoia, sintiéndose «violado» por el poder que otros tenían sobre él y atacando ferozmente a figuras como Jeff Sessions por su recusación. Su abogado personal, John Dowd, tras intentar prepararlo para un posible interrogatorio, llegó a la conclusión de que Trump era un «mentiroso profesional» incapaz de mantener una historia coherente, lo que le habría llevado inevitablemente a un cargo de perjurio.
Crisis como la de Charlottesville desnudaron las profundas divisiones raciales y la incapacidad de Trump para actuar como una figura unificadora. Tras sus comentarios iniciales sobre la culpa en «muchos lados», su personal le obligó a dar un discurso más conciliador que él mismo calificó después como el «puto error más grande» de su vida por parecer débil. Este evento provocó una ruptura definitiva con muchos líderes empresariales y asesores, como Gary Cohn, quien se sintió profundamente incómodo por la equiparación que el presidente hizo entre neonazis y manifestantes.
Finalmente, la salida de figuras moderadas como Cohn y Porter dejó a Trump libre para seguir sus instintos proteccionistas de «América primero», imponiendo aranceles al acero y al aluminio contra todo consejo económico. Para el final del primer año, el jefe de gabinete John Kelly describía la situación como vivir en «Loquilandia», lamentando que el presidente hubiera perdido el juicio. La Casa Blanca se convirtió en un «zoo sin paredes» donde depredadores naturales, incluyendo a la familia del presidente, luchaban por influencia en un entorno sin jerarquía ni orden.
Las fuentes presentan una presidencia definida no por una ideología coherente, sino por el caos operativo y una profunda desconfianza institucional. El hecho de que los asesores más cercanos al presidente consideraran que su deber patriótico incluía socavar la autoridad constitucional del comandante en jefe para evitar desastres nacionales es un testimonio alarmante de la disfunción del poder ejecutivo en ese periodo. La visión de Woodward sugiere que la mayor amenaza para la estabilidad de Estados Unidos no provenía únicamente de adversarios externos, sino de la incapacidad psicológica de su líder para procesar información compleja y de la erosión de las normas que separan el interés personal de la política de Estado.

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